10 junio 2013
  • En 6 años 716 ejemplares murieron en Andalucía en 40 ataques de linces.

  • El 78% eran gallinas aunque las mayores pérdidas fueron por muertes de corderos.

  • Los pastores eléctricos están resultando eficaces para frenar los ataques.

El exitoso programa de recuperación del lince ibérico (‘Lynx pardinus’) está devolviendo a los campos españoles esta emblemática especie que hasta hace poco se encontraba al borde de la extinción. En apenas una década el Proyecto Life Iberlince ha logrado triplicar el número de ejemplares en España. Si en 2002 quedaban menos de un centenar, en la actualidad hay alrededor de 300 linces en Andalucía y se prevé que en los próximos años se creen nuevas poblaciones en Extremadura, Castilla-La Mancha y Portugal.

Pero la puesta en libertad de los ejemplares criados en cautividad está causando también un efecto indeseado: un aumento de los ataques de linces a animales de granja. Tras realizar un seguimiento de los hábitos de caza de estos felinos durante seis años, un equipo de investigadores del Proyecto Life Iberlince ha contabilizado 40 ataques a animales de granja, que han causado la muerte de un total de 716 ejemplares.

Según detallan en este estudio, publicado recientemente en la revista ‘European Journal of Wildlife Research’, el 78% de los animales muertos eran aves de corral. No obstante, las mayores pérdidas económicas fueron debidas a los ataques a corderos por la mayor cuantía de las indemnizaciones del programa de compensación: “Los linces sólo suelen atacar a corderos menores de 15 días, y por cada muerte al ganadero se le indemniza con el precio de mercado, que ronda los 60 euros, mientras que por cada gallina se pagan unos cinco o seis euros”, explica Germán Garrote, biólogo del Proyecto Life Iberlince y de la Agencia de Medio Ambiente y Agua de la Junta de Andalucía y coautor de este estudio.

 

Convivencia con el hombre

La investigación, realizada entre 2006 y 2012, se ha llevado a cabo en el área de Andújar-Cardeña, uno de los dos núcleos en los que hay linces ibéricos junto con Doñana.

Germán Garrote señala que el objetivo es adelantarse a los problemas de convivencia para buscar soluciones y evitar conflictos como los que se dan con el lobo ibérico: “Además del programa de compensaciones a ganaderos y granjeros, otra parte del proyecto de recuperación del lince consiste en prevenir los conflictos entre esta especie y los humanos”, explica Garrote a ELMUNDO.es en conversación telefónica.

El biólogo subraya que no hay motivos para la alarma: “El programa de reintroducción del lince está siendo un éxito y, poco a poco, este animal que hasta ahora sólo se encontraba en zonas muy recónditas del Parque de Doñana o Andújar empieza a colonizar zonas urbanizadas, en las que hay hay casas y pequeñas granjas o rebaños de ovejas. Se trata de prevenir y aportar soluciones desde ya”.

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Pastores eléctricos

Entre las medidas de prevención implantadas con éxito destacan los denominados pastores eléctricos, es decir, recintos con vallas electrificadas de un metro y medio de altura. “El 90% de los lugares donde ha habido ataques eran gallineros sin protección. Los hemos cubierto y en el 90% de ellos no ha vuelto a registrarse ningún ataque”, asegura.

El conejo silvestre es la base fundamental en la dieta del lince ibérico, que caza solo y suele lanzarse contra su persa tras aguardarla: “Los ataques a animales domésticos son más bien anecdóticos aunque cuando suceden provocan pérdidas. Por ejemplo, a un granjero hubo que indemnizarle con más de 1.000 euros tras sufrir un ataque de lince, por lo que sí compensa instalar los pastores eléctricos, que tienen un coste de unos 700 euros y son una inversión a largo plazo”, añade Garrote.

El tipo de rebaño condiciona, lógicamente, su vulnerabilidad ante el lince. “Los intensivos están guardados prácticamente todo el día. Cuando salen van acompañados por perros y por el pastor, por lo que los ataques son anecdóticos, de vez en cuando matan a algún cordero pero no merece la pena hacer la inversión”, señala el biólogo. “Pero hay un par de rebaños grandes, de 1.000 y 500 ovejas respectivamente, que por el día están en libertad y por la noche no siempre se encierran. En estos casos el vallado eléctrico protege a los animales de forma eficaz”.

El biólogo asegura que no hay temor entre los ganaderos y granjeros de la zona. Es más, destaca la colaboración con ellos: “No están preocupados porque ven que nos estamos adelantando al problema. Y cuando se han producido ataques las indemnizaciones son casi inmediatas, no pasa un mes desde el ataque sin que las hayan cobrado”, señala.

¿Se distingue fácilmente el ataque de un lince del de otros predadores, como los zorros? “En los gallineros es más complicado si no hay huellas, pero cuando se trata de un ataque a un animal grande, como el cordero, se distingue rápidamente si ha sido un lince o un zorro por su forma de morder. Otros depredadores sin embargo, como el puma y el jaguar, tienen una forma de atacar parecida y en Sudamérica a veces tienen problemas para diferenciarlos”, explica el biólogo.

Además, los linces suelen volver al día siguiente para seguir con el banquete, ya sea para devorar otra gallina de las que mató el día anterior o para seguir comiéndose el cordero que suele semienterrar cuando está saciado para que le sirva de alimento durante más tiempo: “En cuanto se produce un ataque nos llaman y colocamos cámaras trampa que nos permiten confirmar si ha sido un lince”, añade.

Las épocas más conflictivas con los corderos coinciden con los partos de las ovejas, en diciembre-enero y abril-mayo: “Tras la instalación de los pastores eléctricos en dos rebaños no se han producido ataques en abril-mayo”, afirma esperanzado.

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