06.03.2013

Los trabajos para evitar la desaparición de especies tan emblemáticas como el lince ibérico (‘Lynx pardina’) o el águila imperial ibérica (‘Aquila adalberti’) son los que más atención mediática reciben. Sin embargo, los conservacionistas también trabajan para proteger otras especies en peligro de extinción mucho menos conocidas pero cuyo papel es clave en sus ecosistemas.

Los cinco Proyectos Cero sobre Especies Amenazadas de la Fundación General CSIC, cuyos primeros resultados han sido presentados este miércoles en Madrid, abarcan temas tan diversos como la secuenciación del genoma del lince ibérico, el estudio y protección de aves esteparias, fósiles vivientes de plantas con flor endémicas, anfibios o la lapa mediterránea ‘Patella ferruginea’.

Esta iniciativa, que lleva dos años en marcha y cuenta con un presupuesto de algo más de un millón de euros, ha sido viable económicamente gracias a la colaboración entre centros de investigación, empresas y administraciones según destacó Emilio Lora-Tamayo, presidente del CSIC.

 

El papel de la empresa

“Sin ciencia, ni nuevo conocimiento y sin inversión creciente en investigación y desarrollo no hay posibilidad de afrontar con éxito los desafíos que tiene planteados nuestro país a medio plazo”, afirmó Emilio Botín, presidente del Banco Santander, entidad que financia los Proyectos Cero.

Por su parte, Miguel García Guerrero, director de la Fundación General CSIC, destacó la necesidad de que las empresas se involucren en la conservación de la biodiversidad, pues toda actividad empresarial implica un impacto en el medio ambiente: “Emprender y conservar pueden ir de la mano”, aseguró.

Miguel Ferrer Baena, presidente de la Fundación Migres, considera que “en general, las empresas importantes y con visión de futuro” están colaborando en la protección de la biodiversidad, sobre todo en años pasados. “Se sienten obligados a resolver los conflictos que su propia actividad genera”, añade. Al investigador le preocupa, no obstante, que en épocas de crisis como la actual se considere “que es algo de lo que se puede prescindir, fundamentalmente porque los problemas aparecen a largo plazo si uno no los prevé, como ha ocurrido con tendidos eléctricos, parques eólicos y otras muchas actividades”, advierte. “Cuando nos damos cuenta ya se ha convertido en un problema de una dimensión enorme, así que yo les animaría a seguir invirtiendo en I+D y en prevención de su impacto ambiental”, recomienda.

 

Especies amenazadas

Ferrer hace un balance positivo de los resultados de los proyectos de conservación de especies amenazadas que se están llevando a cabo en nuestro país, “con alguna excepción en la que hay que trabajar”. Para el investigador, en la recuperación de especies en peligro ha sido fundamental “la concienciación ciudadana sobre la necesidad de la conservación de la biodiversidad como un indicador de salud. Hay que tener en cuenta que la mayor parte de las especies amenazadas lo fueron por persecuciones humanas directas, y ese factor ya no existe. Esto ha tenido resultados evidentes en muchas especies”, afirma.

“Otros casos en los que la situación era crítica requerían actuaciones más proactivas, como el águila imperial, con la que se han hecho proyectos de reintroducción, o el águila pescadora, que había desaparecido de la Península y la hemos recuperado. Y posiblemente también es el caso del lince. Pero, en general, la percepción de la evolución de las especies amenazadas es esperanzadora”, sostiene.

El lince, el águila imperial, el oso pardo y el quebrantahuesos son, según Ferrer, las especies más amenazadas. No obstante, destaca que “hay muchas otras que no salen en las primeras planas, como el increíble grupo de los invertebrados o el no suficientemente conocido grupo de plantas. Durante las glaciaciones del Cuaternario, la Península Ibérica ha sido refugio de muchas especies, por lo que ha sido una máquina de generar endemismos, fundamentalmente pequeñas plantas e invertebrados. Muchos de ellos no han sido descubiertos todavía como especie. Todos los años se conocen nuevas especies. Probablemente son poblaciones muy pequeñas en grave riesgo”.

No obstante, el investigador subraya que es importante tener en cuenta que el objetivo de la conservación de la biodiversidad no es evitar la extinción de cualquier especie en cualquier lugar del mundo, sino manejar y gestionar una biodiversidad sana”. “No podemos adoptar como criterio el deseo de frenar los procesos evolutivos. La evolución es un proceso de aparición y desaparición de especies. Siempre ha sido así y así seguirá siendo. No hay que vivir necesariamente como un drama que algunas especies vayan hacia abajo y otras hacia arriba”, reflexiona.

 

Desvelando el genoma del lince ibérico

Uno de los proyectos de conservación más alentadores es el del lince ibérico, el felino más amenazado del mundo. José Antonio Godoy López, investigador en la Estación Biológica de Doñana, recordó que tras el espectacular declive que sufrió durante la segunda mitad del siglo XX, en el año 2002 quedaban menos de 100 ejemplares de este animal. En la actualidad, y gracias al programa de reproducción en cautividad, se ha triplicado esa cifra: “Se ha logrado amortiguar su pérdida e incluso una ligera recuperación”, afirmó.

Godoy lidera el Proyecto Cero para secuenciar el genoma del lince ibérico. El investigador hizo balance de estos dos primeros años de trabajo, que han permitido ya generar mucho conocimiento sobre este felino. Hasta ahora, los investigadores han completado la secuenciación de RNAs, los intermediarios que los genes producen cuando se expresan, en 11 tejidos distintos, obteniendo un primer inventario que muestra qué genes se expresan y a qué nivel en cada tejido.

El objetivo es obtener un genoma de referencia. También se han secuenciado otros 10 linces ibéricos adicionales para analizar la variación genética en la especie, y un lince boreal. “Un aspecto del declive del lince que nos preocupa es que ha perdido diversidad genética (es de las más bajas detectadas en felinos)”, señala.

Según destaca, el abaratamiento de los costes de la tecnología para secuenciar genomas “ha supuesto una revolución científica”porque ha permitido extender esta técnica a especies que de otra forma nunca hubieran podido ser estudiadas de esta manera. En la actualidad secuenciar el genoma de una especie puede costar unos 100.000 euros.

 

Anfibios en declive

La lucha contra la quitridiomicosis, una enfermedad causada por el hongo ‘Batrachochytrium dendrobatidis’ que está matando a muchos anfibios de todo el mundo, es otro de los Proyectos Cero. Lo lidera Jaime Bosch, investigador del Museo Nacional de Ciencias Naturales.

Según explica Andrés Fernández, investigador del mismo centro, la enfermedad fue detectada a finales de los años 90, cuando se observó mortalidades en masa en diversos lugares del mundo: “Está afectando sobre todo a especies que habitan en climas tropicales aunque en España, de clima templado, también hay especies afectadas, como el sapo partero balear y común”.

Se trata de un hongo que estaba en las plantas y que ha dado el salto a los vertebrados, y los primeros afectados son los anfibios. “La enfermedad se puede tratar en cautividad, aunque el objetivo de este proyecto es lograr tratarla en el medio natural para evitar la desaparición de estos anfibios e investigar la inmunidad para desarrollar una vacuna”, añade.

A este hongo se suman otras amenazas para los anfibios, como el cambio climático, la extinción de su hábitat o la contaminación. “Su papel es muy importante como bioindicadores de la salud del ecosistema, pues detectan si hay contaminación. Además, hay muchas especies que tienen sistemas de reproducción muy distintos al nuestro que permiten que puedan estudiarse aspectos desconocidos para la ciencia o desarrollar nuevos fármacos”.

La quitridiomicosis, causada por un hongo, está reduciendo la población de anfibios. | CSIC

La quitridiomicosis, causada por un hongo, está reduciendo la población de anfibios. | CSIC
 

Aves esteparias y fósiles vivientes de plantas

El proyecto ‘Un paso adelante’, liderado por Lluís Brotons, del Centro Tecnológico Forestal de Cataluña, se centra en diseñar estrategias deconservación de aves esteparias amenazadas en sistemas agronómicos sostenibles. El objetivo es compatibilizar la convivencia entre estos animales y los seres humanos.

El estudio del origen y la conservación de los llamados fósiles vivientes de plantas con flor endémicas (es decir, los organismos que son los últimos supervivientes de linajes evolutivos antiguos) es el objetivo del proyecto que lidera Pablo Vargas, del Real Jardín Botánico. Su trabajo se centra en estudiar cinco géneros endémicos de la Península Ibérica formados cada uno de ellos por una sola especie mediante el análisis de sus diversidad genética y caracterización de su biología reproductiva.

Un ejemplar de 'Gyrocaryum oppositifolium'. | CSIC

 
Un ejemplar de ‘Gyrocaryum oppositifolium’. | CSIC
 

Lapas mediterráneas

Los habitantes del mar, como las lapas, figuran entre las especies más desconocidas. “La lapa ‘Patella ferruginea’ está en peligro de extinción por lo que, tanto desde un punto de vista científico como ético, hay que trabajar con ella. Hemos apostado por una especie marina y por un invertebrado”, defiende Annie Machordom Barbé, investigadora del Museo Nacional de Ciencias Naturales y directora del proyecto que intenta salvarla de la extinción.

En la actualidad esta especie sólo vive en unos pocos reductos de la Península, donde su población en algunos lugares se reduce a unas decenas de ejemplares. La científica destaca que en los últimos años “las costas han sido muy maltratadas por la actividad humana: construcciones, desechos que se tiran, etc.. ‘Patella ferruginea’ es además una lapa grande y durante una época también fue consumida por el hombre”, resume.

“Hay muchas especies que pasan desapercibidas y son igualmente importantes, como las abejas. Hay muchos focos que atender y por desgracia no somos muchos trabajando en ello”, concluye.

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