14.01.2013

Veníamos de ponerle el punto final a las fiestas de Navidad cuando los Reyes ya han llegado con sus regalos. Cónclave de Marines teniendo como escenario “La Caracola”, viña que en otro tiempo perteneció a Jaime de Foxá, amigo de mi abuelo Hipólito que junto a su Salve Montera a la Virgen de la Cabeza dejó para el recuerdo esa joya de la literatura venatoria que es “El Solitario”. Luego de un fin de semana en familia haciendo repaso a monterías pasadas y pronóstico de las que tienen que venir, el destino nos regaló un lance inusual. Teniendo por postura el coche, puede decirse que nos entró un lince.
A ritmo lento, parsimonioso, ajeno a los neumáticos y ruido del motor del todoterreno el lince discurría por el mismo carril que luego nos llevaría hasta El Centenillo, atravesando el patrimonio con que nuestro campo bravo cuenta en toda esa zona de Sierra Morena: Escoriales, Alarcones, lo de los Flores Albarrán, lo de los Sorando y por supuesto Navalcardo.
Al verlo me quedó la sensación misma que tuvo Dominguín cuando lo de Ava Gardner: que aquello había que contarlo. A uno no todos los días le sonríe la fortuna de encontrarse con este animal que la mano del hombre ha hecho que casi ni exista.
A ojos de cualquiera podría ser un gato sin más. Mi hermana Inesita mismamente dijo eso al contemplarlo desde el coche, pero no, el felino tenía trapío de plaza de primera. Algo panzón, orejudo y con unos bigotazos que no tiene cualquier gato. Fino de cabos, añadiría que tenía un punto de chorreado en verdugo a mi parecer. Indudablemente Don Antonio Marín o mi amigo tosiriano Agustín Rosa, sabrían precisar mejor, que por algo son veterinarios y entusiastas de la caza.
Hasta el momento, la única referencia que tenía al respecto me venía por parte del compañero José María Ortega, quien una vez le entró un lince estando en su puesto de la perdiz y cámara en mano inmortalizó la escena, sirviendo la misma como portada a su excepcional libro “Tirando al monte”. Una oportunidad difícilmente repetible a menos que se frecuente Andújar y su Parque Natural. Así se lo hice ver en cierta ocasión al periodista Javier Hurtado a colación de un extraordinario reportaje que para Tendido Cero elaboraron sobre el ganado santacolomeño de Germán Gervás y su finca de “Los Escoriales”, donde aparecía un lince paseando. Tras revelarle mi identidad y mi origen jienense hubo de reconocerme que la imagen era de archivo.
No sé si tendré esa suerte alguna vez más. Por whatsapp le envié una foto del susodicho a una amiga cacereña, montera y fanática del campo, por nombre Vanesa, contestándome que envidiaba mi suerte porque ella tras un periplo de ocho meses por Doñana, haciendo lo imposible por avistarlo no había logrado ni de lejos poder verlo. Por eso precisamente doy más valor aún a este momento que he vivido en este paraíso privilegiado con que contamos en la provincia de Jaén. Donde la Virgen de la Cabeza reina en Sierra Morena y el lince ibérico sobrevive al paso del tiempo y la mala mano del ser humano.

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