Archive for 16/01/2013


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14.01.2013

Veníamos de ponerle el punto final a las fiestas de Navidad cuando los Reyes ya han llegado con sus regalos. Cónclave de Marines teniendo como escenario “La Caracola”, viña que en otro tiempo perteneció a Jaime de Foxá, amigo de mi abuelo Hipólito que junto a su Salve Montera a la Virgen de la Cabeza dejó para el recuerdo esa joya de la literatura venatoria que es “El Solitario”. Luego de un fin de semana en familia haciendo repaso a monterías pasadas y pronóstico de las que tienen que venir, el destino nos regaló un lance inusual. Teniendo por postura el coche, puede decirse que nos entró un lince.
A ritmo lento, parsimonioso, ajeno a los neumáticos y ruido del motor del todoterreno el lince discurría por el mismo carril que luego nos llevaría hasta El Centenillo, atravesando el patrimonio con que nuestro campo bravo cuenta en toda esa zona de Sierra Morena: Escoriales, Alarcones, lo de los Flores Albarrán, lo de los Sorando y por supuesto Navalcardo.
Al verlo me quedó la sensación misma que tuvo Dominguín cuando lo de Ava Gardner: que aquello había que contarlo. A uno no todos los días le sonríe la fortuna de encontrarse con este animal que la mano del hombre ha hecho que casi ni exista.
A ojos de cualquiera podría ser un gato sin más. Mi hermana Inesita mismamente dijo eso al contemplarlo desde el coche, pero no, el felino tenía trapío de plaza de primera. Algo panzón, orejudo y con unos bigotazos que no tiene cualquier gato. Fino de cabos, añadiría que tenía un punto de chorreado en verdugo a mi parecer. Indudablemente Don Antonio Marín o mi amigo tosiriano Agustín Rosa, sabrían precisar mejor, que por algo son veterinarios y entusiastas de la caza.
Hasta el momento, la única referencia que tenía al respecto me venía por parte del compañero José María Ortega, quien una vez le entró un lince estando en su puesto de la perdiz y cámara en mano inmortalizó la escena, sirviendo la misma como portada a su excepcional libro “Tirando al monte”. Una oportunidad difícilmente repetible a menos que se frecuente Andújar y su Parque Natural. Así se lo hice ver en cierta ocasión al periodista Javier Hurtado a colación de un extraordinario reportaje que para Tendido Cero elaboraron sobre el ganado santacolomeño de Germán Gervás y su finca de “Los Escoriales”, donde aparecía un lince paseando. Tras revelarle mi identidad y mi origen jienense hubo de reconocerme que la imagen era de archivo.
No sé si tendré esa suerte alguna vez más. Por whatsapp le envié una foto del susodicho a una amiga cacereña, montera y fanática del campo, por nombre Vanesa, contestándome que envidiaba mi suerte porque ella tras un periplo de ocho meses por Doñana, haciendo lo imposible por avistarlo no había logrado ni de lejos poder verlo. Por eso precisamente doy más valor aún a este momento que he vivido en este paraíso privilegiado con que contamos en la provincia de Jaén. Donde la Virgen de la Cabeza reina en Sierra Morena y el lince ibérico sobrevive al paso del tiempo y la mala mano del ser humano.

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15.01.2013

Sin hacer ruido, el CSIC ha transformado la capilla del Palacio de Doñana en un salón de lectura para investigadores

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El biólogo Miguel Delibes de Castro, frente al Palacio de Doñana, construido en el siglo XVI por orden del duque de Medina Sidonia y hoy propiedad del CSIC.
 

La idea de que Dios es un hombre blanco de grandes dimensiones y de larga barba blanca, sentado en el cielo y llevando la cuenta de la muerte de cada gorrión es ridícula. Pero si por Dios uno entiende el conjunto de leyes físicas que gobiernan el universo, entonces está claro que ese Dios existe. Pero este Dios es emocionalmente insatisfactorio… no tiene mucho sentido rezarle a la ley de la gravedad”, afirmó en una ocasión el astrofísico estadounidense Carl Sagan. Y sus palabras parecen flotar en el aire en la nueva biblioteca del Palacio de Doñana, recién creada en una antigua capilla propiedad del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) en pleno Parque Nacional, a caballo entre Huelva y Sevilla.

La estampa corta la respiración por su simbolismo: un retablo barroco de la virgen del Carmen rodeado por centenares de libros de ciencia, desde volúmenes sobre la teoría de la evolución de Darwin, tan incompatible con el relato bíblico, hasta estudios sobre águilas imperiales, fósiles y volcanes. En plena batalla entre el Arzobispado y la Universidad Complutense de Madrid a cuenta de ocho capillas empotradas en el recinto universitario, una iglesia de Huelva cercana al beato El Rocío se ha convertido en biblioteca científica sin levantar ninguna polémica. En Doñana, donde antes un cura recitaba las profecías del Antiguo Testamento, ahora estudian algunos de los mejores científicos de Europa.

En 2007, el entonces director de la Estación Biológica de Doñana, Fernando Hiraldo, decidió transformar la histórica capilla en algo más útil para su institución. Sin darle ningún tipo de publicidad a las obras, y con recursos propios, procedió a instalar estanterías en la capilla y a llenar sus anaqueles con libros procedentes de donaciones de los propios científicos. Hacía muchos años que ningún cura se acercaba por allí a dar misa, ante la falta de fieles. “Nos parecía que era nuestra obligación dejar atrás esa cosa mágica y abrir una biblioteca”, recuerda Hiraldo, que empezó a trabajar en Doñana en 1970.

Un antiguo pabellón de caza

Por entonces, rememora, un cura acudía habitualmente a dar misa a los científicos de la Estación Biológica y a sus familiares. El propio fundador del Parque Nacional de Doñana, José Antonio Valverde, dedica un párrafo a la capilla en su libro La aventura de Doñana: cómo crear una reserva. “Había una pequeña [capilla], con un retablillo de yeso sobredorado de primeros de siglo, que reemplacé en 1971 por un magnífico retablo del siglo XVII comprado en el obispado de Valladolid”, escribió. El palacio, construido a finales del siglo XVI por orden del duque de Medina Sidonia, había sido adquirido en 1963 por el Estado junto a casi 7.000 hectáreas con el fin de crear la Reserva Biológica de Doñana.

El cura dejó de ir porque los biólogos no iban a misa y apenas tenía fieles

Valverde pagó 75.000 pesetas para comprar aquel retablo, procedente de una iglesia de Villalba de la Loma, un minúsculo pueblo vallisoletano de apenas 50 habitantes, aficionados al mus y a la pelota mano. Y colocó el retablo en la vieja capilla del Palacio de Doñana, un caserón situado en las marismas del Parque Nacional de Doñana que hoy es del CSIC, pero que había sido utilizado históricamente como pabellón de caza. Hasta el rey Alfonso XIII, abuelo del rey Juan Carlos, dormía en el palacio cuando acudía a la zona a tirotear a linces ibéricos.

El biólogo Miguel Delibes de Castro, una de las máximas autoridades en el mundo de la conservación en España, se incorporó a la Estación Biológica de Doñana en 1971. “Durante una temporada breve, el cura iba todos los domingos a dar misa. Los biólogos y los becarios no solíamos ir, así que el cura se encontraba en la capilla con apenas media docena de personas. Imagino que no merecía la pena tanto esfuerzo para tan pocos fieles”, recuerda Delibes. Era una época en la que había que recorrer 12 kilómetros de camino arenoso y salvaje desde la carretera de asfalto más cercana para llegar al palacio. Un guarda tenía que ir en Land Rover a buscar al cura a los pueblos vecinos de El Rocío o Matalascañas. Y, como sólo había un todoterreno, cuando se celebraba una misa los investigadores no podían salir a trabajar al campo. O cura o ciencia.

Suelo desacralizado

“Yo no era muy de misas”, admite Hiraldo, aunque no fue esa la principal razón para reconvertir la iglesia en biblioteca. “La capilla llevaba 10 o 20 años sin ningún uso y el retablo se estaba estropeando, porque la sala se utilizaba como almacén. Entonces pensamos que ese espacio sería ideal para tener una biblioteca”, señala. “Lo pensamos, lo propusimos, a la gente de aquí le gustó y lo hicimos”.

Hiraldo fue director de la Estación Biológica de Doñana entre 2000 y 2012. Su predecesor en el cargo fue Miguel Ferrer, uno de los principales responsables de la asombrosa recuperación del águila imperial ibérica en España. Su equipo directivo, entre 1996 y 2000, buceó en los archivos para averiguar si la capilla, ya usada como almacén, seguía teniendo carácter sagrado según los papeles. “Queríamos saberlo, porque los temas de la Iglesia en este país son delicados”, afirma. Gracias a las pesquisas, los investigadores comprobaron que la iglesia estaba desacralizada. “Pensábamos buscar un uso más interesante, pero entonces no pudimos meterle mano a la capilla por falta de fondos”, recuerda.

El espacio en el que antaño un cura ofrecía el paraíso es ahora un paraíso, pero para el estudio. A la ex capilla se accede por el patio del Palacio de Doñana, decorado con los bonsáis que preparaba el ex presidente del Gobierno Felipe González durante sus vacaciones. A pocos metros pasean ciervos, gamos y jabalíes, con la marisma de fondo. Algunos días incluso se escucha el rumor del océano Atlántico.

El horario oficial de la biblioteca es de lunes a domingo, de 9:00 a 21:30. Además de los libros, la sala de lectura cuenta con cuatro ordenadores conectados a internet mediante Wi-Fi. Y los investigadores de la institución o sus invitados pueden dar charlas frente al retablo, en un atril en el que el emblema del CSIC choca con la silueta de la virgen del Carmen. La imagen recuerda al propio nacimiento del CSIC, en 1939, cuando la dictadura de Franco lo creó con el fin de restaurar “la clásica y cristiana unidad de las ciencias, destruida en el siglo XVIII”. Pero es sólo un espejismo. En este caso no es la religión la que invade el terreno de la ciencia, sino la ciencia la que reconquista un espacio ocupado por la religión.