12.09.2012.-Miguel Ángel Ruiz

Hay una imagen que me asalta de vez en cuando, no sé si desde el baúl mental de los asuntos sin resolver o de dónde, porque es algo que sólo conozco de oídas, pero no consigo quitármela de encima: el episodio de los dos cachorros de lince muertos que fueron llevados a la Facultad de Veterinaria de la UMU en 1984 procedentes de la Sierra de la Cabeza del Asno (Cieza). Yo conocía esta historia por la recopilación de citas de lince en la Región del naturalista Miguel Ángel Sánchez, pero hace unos meses supe que el veterinario Pedro Javier Jiménez Montalbán, director del Centro de Zoonosis del Ayuntamiento de Murcia, fue testigo directo y le pedí más información. Creo que vale la pena recordar los detalles de esta interesantísima cita con sus propias palabras.

“Creo que corría el año 1984, ya que fue en el segundo año de comenzar mi carrera de Veterinaria. Un día un profesor de Anatomía conocedor de mi interés por la fauna silvestre, porque durante ese año fue cuando se me ocurrió la idea de crear el Centro de Recuperación de Fauna Silvestre de la Región de Murcia y andaba por la facultad pidiendo información y ayuda técnica para montarlo,me llamó para contarme algo verdaderamente extraño”.

“Según me dijo, una persona de la que desconozco el nombre llevó a la Facultad de Veterinaria lo que le parecían dos cachorros de lince. Al parecer y según me contó, un animal estaba saqueando un gallinero, por lo que su dueño se apostó con una escopeta pensando que se trataba de un zorro. Cuando por la noche escuchó ruidos procedentes de un cañar cercano, abrió fuego, pero por la oscuridad no pudo ver nada. A la mañana siguiente encontró dos cachorros de gato que le resultaron raros ya que carecían de cola y a través de un amigo suyo que tenía un familiar estudiando Veterinaria, los trasladaron a la sala de disección del Departamento de Anatomía y Embriología para donarlos a la Universidad para su estudio”.

“Cuando el profesor me lo comentó, fui corriendo al congelador en donde se encontraban metidos en lo que parecía un saco de comida de animales y efectivamente eran dos cachorros de lince. Más tarde volví a hablar con este profesor y me dijo que procedían de la Sierra de la Cabeza del Asno, porque allí era donde se encontraba dicho corral. Le indiqué la necesidad de comunicarlo a la autoridad ambiental, en aquella época creo que todavía el ICONA no había transferido competencias a la recién creada Comunidad Autónoma y si lo había hecho fue a la Dirección General de Estructuras Agrarias y Recursos Naturales. Tal vez me excedí cuando le dije que se le iba a caer el pelo al cazador (era yo muy joven e impetuoso), por lo que de forma inesperada y antes de que al día siguiente pudiera hacerles unas fotos con mi antigua Konica TC Autoreflex, los cadáveres de los animales habían desaparecido. El tipo pasó a por ellos y se los llevó, me comentaron”.

“Así acabó aquel episodio. Pude enterarme con el tiempo, investigando, de que al parecer la hembra los había criado en el cañar y que había más cachorros, pero eso no pude jamás comprobarlo porque nunca averigüé dónde se encontraba el susodicho corral (hermetismo por otro lado comprensible)”.

Y esta es la historia en la que pienso de vez en cuando: me interesó desde que supe de ella por revelar que los linces aún criaran en la Región en una época relativamente reciente y también por la nula reacción de la Universidad y la Comunidad Autónoma. Teníamos linces en Cieza y sólo se preocupó por ello un estudiante de Veterinaria.

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